Esta palabra sería el resumen de por qué ahora mismo algunos están nadando entre dos aguas, de a quién previsiblemente le apetece pasar de un extremo a otro, atreviéndose a saltar por encima de unas líneas rojas autoimpuestas, que ahora se han conjugado a modo de lazo y atan cualquier acción que quiera llevar a cabo.

Este hecho hace que no sea posible abanderar la izquierda pactando con la derecha, al igual que no es posible ser de derechas y autoimponerse querer ser de izquierdas, porque al final el resultado es tan patente que queda atrapado entre la mentira de sus palabras y la verdad de sus acciones.

Así pues, ahora el pleno municipal ha pasado de ser aquel rincón del ayuntamiento donde se hace política, a ser un espacio mediático donde vender lo que uno no es, por medio de quien se cree y no puede ser, o lo que es lo mismo, estar sin que te vean para que no te confundan con quien no eres. Una cosa difícil cuando, muy a pesar de lo que nos cuentan, dos extremos (así se presupone) se unen en pro de querer desestabilizar un gobierno, no porque dicho gobierno no sea capaz de hacer autocrítica, sino porque aunque la hubiese (que la hay) no sirve como argumento de derribo para quienes quieren ser y no son o quieren estar y no están.

La coyuntura es difícil, a eso nadie puede decir que no; pero no es más difícil que buscar las justificaciones necesarias para atacar de forma sistemática un gobierno que no hace aguas por su gestión, sino porque parte de sus integrantes han preferido tirarse por la borda sin flotador, creyendo y haciendo creer que la mala gestión es el fruto de su decisión. En tanto y cuanto esa afamada petición de autocrítica que nos piden, suena a algo extraño en sus quehaceres políticos.

Eso sí, intentar artimañas de cualquier índole (reguladas democráticamente) es lo único que nos aportan. Bien es cierto que en ello, alguno ya tiene experiencia demostrable.

Por todo, cierta es la necesidad de que la izquierda de Puçol haga un examen del por qué e incluso el cómo se ha llegado a una situación que parece preceder a una debacle que censure nuestra acción de gobierno. Pero lo haremos desde la izquierda, la de verdad.

Y como decía John A. Lincoln: «Un dilema es un político tratando de salvar sus dos caras a la vez».

Por eso, es más fácil y honesto ser como uno es desde el principio y dejar la venta de humo para los ilusionistas y magos; si no, se confunden y confunden a los demás.

Una opinión del Grupo Municipal Socialista

30 Octubre 2018