La delgada línea entre gobernar y no hacerlo radica muchas veces en las acciones de quienes, ante un escenario electoral próximo, no se paran a pensar que el beneficiario o sufridor último de las decisiones son las y los ciudadanos y donde la demagogia hecha precampaña tiene su buen acento mediático, decir cuando no se tiene la obligación de hacer o «desdecirse de lo dicho por que ahora ya no tengo que rendir cuentas a nadie».

Ante la insistencia de falta de auto crítica, o los desmanes de la oposición ante diferentes y diversos temas, la locución política ha pasado a un segundo plano y ahora solo interesa estar presente sí o sí, y, como decía Tierno Galván «la política ha dejado de ser una política de ideales para convertirse en una política de programas», da igual cual cómo sea la oposición a ejercer, lo que se diga o se piense, mientras se saque beneficio incluso a través de la mentira, aunque bien cierto es que ésta tiene las piernas muy cortas.

No podemos seguir tolerando que se nos acuse desde la oposición (la de antes y la de ahora, las dos juntas) de falta de gestión, de no rendir cuentas o de no informar, no es política intentar crear un problema y querer presentar una solución, porque tan mentira es una cosa como la otra, tan deplorable es querer convencer a la ciudadanía de «conmigo o el caos» como querer invocar problemas donde no los hay y presentarse como salvadores de una patria que sólo existe en sus mentes.

Aquí, al gobierno de Puçol, llegamos hace tres años y medio con la firme convicción de que Puçol necesitaba un cambio en su política local, donde primara la inversión pública en beneficio de nuestros convecinos, de gestionar un presupuesto más social y, en la medida de lo posible, ayudar a las personas a poder conseguir un mayor bienestar, reducir la desigualdad o sencillamente hacer de Puçol un pueblo cada día mejor. Pero aquello quedo en una mera anécdota para según quien.

La verdad, es que la seriedad política (como instrumento de cambio en una sociedad) en Puçol ha pasado a ser papel mojado, puesto que la convicción de llevar a delante un programa electoral de izquierdas se ha quedado para los de izquierdas obviamente.

Así pues, y sin obviar que el que toma decisiones se equivoca, aún tenemos por delante grandes retos para nuestro pueblo, un sinfín de acciones que conservan el espíritu de aquel pacto que se firmó y que nosotros mantenemos vivos, por una sencilla razón, porque lo firmado no es en beneficio propio sino de nuestro pueblo.

El que no lo vea así, quizá se equivocó al pensar que podía sacar beneficio propio sin pensar que lo verdaderamente importante son las personas. Ahora tiene la terrible responsabilidad de atacar o reafirmar esos principios. Eso ya que lo valore cada uno.

Una opinión del Grupo Municipal Socialista

05 Noviembre 2018